La importancia de las energías renovables en América Latina

La importancia de las energías renovables en América Latina 1


El concepto de resiliencia energética integra dos nociones bastante interesantes para explicar un fenómeno muy característico de la actualidad: cómo los Estados pueden gestionar sus recursos energéticos de forma que cuenten con la posibilidad de resistir los cambios climáticos, los embates económicos, las dificultades políticas y otros factores de riesgo y mantener su producción energética estable, de forma que se puedan satisfacer las necesidades de sus poblaciones.

Si hay una región del mundo en que la resiliencia energética cobra una gran importancia es en América Latina. Los países latinoamericanos no son países de los que denominamos “desarrollados”, y ello implica una vulnerabilidad económica bastante volátil, ya que dependen de inversiones que provienen de otros países, de empresas trasnacionales y de acuerdos económicos más allá de las propias fronteras para mantener la estabilidad económica e industrial.

Es por ello que atraer inversiones saludables y bien establecidas (sobre todo aquellas que carecen de subsidios) que colaboren en la obtención de una independencia energética y una resiliencia del sector, es una tarea fundamental para los Estados latinoamericanos.

Entendamos la resiliencia energética como la capacidad de sobreponerse a las adversidades de todo tipo (ambiental, económico, político) que pudieran mermar la soberanía energética y la capacidad de producción energética, de regular los precios internos de la energía y otros factores que dependen de ésta.

Como sucede en otras latitudes, la resiliencia energética se ve enormemente beneficiada por el uso de energías renovables y verdes. Si bien el bienio 2015-2016 presenció un descenso en el precio del petróleo que podría haber representado una disminución en las inversiones realizadas en energías renovables, son diversos los países latinoamericanos que ya no otorgan su confianza ciega a los volátiles precios del petróleo y que han establecido marcos legales inteligentes y a largo plazo para atraer la inversión en este sentido, con lo que garantizan que su producción energética no dependa de factores externos.

Los dos países líderes en este sentido son el gigante latinoamericano Brasil (en el que la empresa española Endesa, dirigida por Borja Prado sigue invirtiendo en plantas solares), y el sorprendente caso de Uruguay. Este pequeño país sudamericano ha tenido el acierto de crear un plan energético a largo plazo (programado para durar del año 2005 al 2030) que se beneficia del sorprendente potencial eólico de su orografía de llanura.

Estos dos países han demostrado que no por ser un país en vías de desarrollo se debe limitar la inversión sostenible y que es posible atraer inversiones estableciendo un marco legal y fiscal claro. Tanto es así que Uruguay está a punto de alcanzar a Dinamarca, el líder mundial en la producción de energía eléctrica proveniente de la energía eólica (Uruguay está en un 38% de electricidad producida por el viento y Dinamarca en un 42%).

Lo más relevante radica en la autonomía y resiliencia energética que un país pequeño y sin yacimientos petroleros puede adquirir gracias a este tipo de inversiones y que pueden potenciar también la economía de países que sí cuenten con recursos en hidrocarburos.

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