La tecnología puede ayudar a salvar el mundo

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Cada vez son más las voces que alertan sobre la crítica situación medioambiental que vive nuestro planeta y sobre cómo la tecnología puede cambiar por completo esta situación. Cada día surgen nuevos inventos destinados a mejorar la forma en la que nos relacionamos con el planeta. De hecho, hace apenas unos días, se dio a conocer un invento llevado a cabo por un joven ingeniero español que podría significar el fin del uso de baterías. A grandes rasgos, Gonzalo Murillo, de 33 años, ha desarrollado unos pequeños dispositivos que consiguen la energía necesaria para funcionar de manera autónoma.

Hace algo menos de un año, los medios de comunicación también dieron mucha cobertura a Seabin Project, un invento llevado a cabo por dos australianos, Andrew Turton y Peter Ceglinski, que se traduce en un cubo de basura que flota en el agua y succiona los desperdicios que se encuentran en la superficie marina.

Sin embargo, muchos activistas hacen especial hincapié en que los principales problemas radican en las pequeñas cosas que hacemos a diario. Uno de los problemas cotidianos que sufre nuestro planeta reside en la contaminación que generan los transportes. Esta contaminación resulta mucho más evidente en las grandes y medianas ciudades, debido tanto al transporte de mercancías como de personas de un lugar a otro. Constantemente están surgiendo iniciativas que pretenden cambiar esta insostenible ecuación contaminante, como las restricciones de tráfico llevadas a cabo en Madrid.

Con todo, no hace falta ser un genio inventor para poder emplear la tecnología de manera favorable al medio ambiente. Como ciudadanos, podemos limitar nuestra huella medioambiental con algunas sencillas fórmulas que tienen lugar gracias a la tecnología. Por ejemplo, podemos adquirir nuestros videojuegos a través de plataformas virtuales como Steam, evitando así que el artículo tenga que ser fabricado y que posteriormente se convierta en un desecho difícil de reciclar. Además, de esta forma también evitaremos todo el recorrido que el videojuego tiene que hacer desde que se fabrica hasta que llega a nuestras manos. Otra idea es usar plataformas online para practicar, de cuando en cuando, nuestras aficiones. A estas alturas podemos disfrutar, por ejemplo, de jugar al póker sin tener que movernos de casa gracias a empresas como PokerStars. Por su parte IKEA nos permite, a través de su App interactiva, decorar nuestra casa sin necesidad de movernos hasta sus instalaciones. Por no mencionar la posibilidad de comprar online en una amplia gamas de establecimientos, desde tiendas de ropa a supermercados. En todos estos casos la tecnología nos ayuda a evitar en muchas ocasiones coger el coche para desplazarnos a estas superficies, lo que ayuda a reducir las emisiones de CO2.

Lo mismo ocurre con el consumo de contenidos, pues cada día resulta menos práctico leer la prensa en formato físico o no decantarse por el formato digital cuando hablamos de adquirir libros. Aunque leer pierda cierto encanto, cuidaremos el medioambiente. Además, diferentes tiendas virtuales pondrán a nuestra disposición una inimaginable cantidad de obras a un precio muy económico.

No cabe la menor duda de que el inevitable interés económico puede ir de la mano de productos sostenibles y alternativas tecnológicas que nos ayuden a conseguir un mundo mejor.

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